El CB Gran Canaria consumó su descenso a Primera FEB después de una temporada nefasta, marcada por una confección de plantilla deficiente y una negación de la realidad. El equipo amarillo dependía de sí mismo para salvar el cuello, pero terminó dilapidando sus opciones con una derrota en el recinto taronja y la victoria del Zaragoza en Lugo ante el Breogán. La derrota ante el Baxi Manresa del sábado pasado resultó clave, tal como parecía en los prolegómenos de ese duelo. De haber ganado ese partido, o el de Lleida, donde los amarillos solo compitieron durante un rato, el desenlace habría sido completamente diferente. A pesar de ello, el mundo del deporte no vive de los escenarios pasados, y el horrible desempeño de la entidad, que se agudizó en los últimos 5 meses, ha sido determinante para este punto final fatídico que ha pervertido un legado de tres décadas. No obstante, esta situación no viene dada por casualidad, sino que responde a una sucesión de hechos que han provocado este bochorno. El camino hacia este batacazo comenzó durante el verano, cuando el Granca tomó la decisión de seguir contando para su banquillo con Jaka Lakovic. Aun así, pese a que lo normal era regenerar el proyecto, la apuesta fue mantener el mismo bloque, con el añadido de sumar un año más en el DNI y el desgaste lógico tras tanto tiempo de trabajo juntos, rompiendo la cuerda solo por un lado: el de John Shurna. Esa salida fracturó un poco al vestuario, incluyendo al entrenador, que también quería la continuidad del ala-pívot, y conformó un adiós indigno para una figura como la del que fuera MVP de la Eurocup claretiana en 2023. A eso se añadió una serie de fichajes que, a la vista está, no han funcionado o han sido descartados. Esos son los casos de Louis Labeyrie, la peor alta del verano, Kur Kuath o Eric Vila, siendo esta última una incorporación de urgente necesidad.